El conflicto en el sector pesquero lleva meses. Empezó como un reclamo salarial, escaló a un enfrentamiento entre gremios y empresas, y terminó derivando en una crisis que ya afecta a miles de familias del litoral atlántico. En este tiempo, hubo gestiones, reuniones, marchas, paros, lockouts y movilizaciones. Gobernadores e intendentes del sur se pusieron al frente del problema. Pero en Mar del Plata, donde gritan con orgullo ser el epicentro de la actividad pesquera nacional, sus principales autoridades siguen en silencio.
Axel Kicillof no dijo una sola palabra del conflicto pesquero. Como si la crisis no le perteneciera. Tampoco el intendente Guillermo Montenegro, parece no comprender la magnitud de lo que ocurre en su ciudad. No se los vio en ninguna reunión. No intervinieron en las negociaciones. No acompañaron a los trabajadores. No convocaron al sector empresarial. No movieron un dedo para evitar el parate de una industria clave para su territorio. Ni siquiera fueron a las reuniones con el gobierno nacional. Hay quienes señalan que la conducción del SOMU prefiere no cuestionar a los del mismo color político y hacen las movilizaciones en tierras ajenas…
Mientras tanto, fueron el gobernador de Chubut, Ignacio Torres; el de Santa Cruz, Claudio Vidal; y el intendente de Puerto Madryn, Gustavo Sastre, quienes tomaron el timón. Fueron ellos quienes promovieron el diálogo, exigieron respuestas al Gobierno nacional y convocaron a las partes para encontrar una salida. La distancia entre el compromiso de unos y la pasividad de otros es abrumadora.
Nadie espera soluciones mágicas. Pero sí se espera presencia. Se espera gestión, articulación, voluntad política, aunque el conflicto los incomode. Pero lo que se observa es indiferencia. ¿Dónde están Kicillof y Montenegro mientras la pesca se hunde?
¿Y también será que hay un sector empresario marplatense que jugó fuerte en la campaña de Milei y ahora prefiere no aparecer en escena dejando que otros, como Álvarez Castellano, se lleve todos los señalamientos del conflicto?
