El problema de la pesca argentina no es la falta de langostino ni la falta de compradores. El problema es que pescar, hoy, es un mal negocio. Las empresas no pueden cubrir sus costos y los barcos siguen amarrados. Y, mientras los números no cierran, el Gobierno nacional sigue mirando para otro lado. Es lo que dice, sin vueltas, Raúl «Tato» Cereseto, empresario pesquero que hace meses viene advirtiendo que la crisis se venía y que, ahora, la tormenta perfecta ya estalló.
“Hoy estamos padeciendo una crisis de precios, porque lo extraordinario es que el caladero está saludable, y la venta está, hay mucha venta. En el medio tenemos un gran problema de estructura de costos que nos provoca una crisis de la cual no podemos salir”, dice.
El langostino en bloque se vende entre 5.700 y 6.000 dólares la tonelada, pero producirlo cuesta 6.700 dólares. “Así no se puede salir a pescar”, sentencia Cereseto en una entrevista en Infobae en Vivo.
Un reclamo que el Gobierno ignoró
Lo que más molesta en el sector no es solo la crisis en sí, sino el hecho de que nadie en el Gobierno hizo nada para evitarla. “Nosotros veníamos trabajando ya hace más de un año, reclamando a gritos, de alguna manera, que le presten atención a lo que venía sucediendo y a lo que iba a ocurrir en la pesca”, dice el empresario.
Según Cereseto, la solución estaba a la vista: revisar los derechos de exportación. Se lo pidieron al Gobierno de Milei hace un año pero no hubo respuesta. “Vivimos entre indiferencia y discriminación”, asegura.
Y puso ejemplos concretos: el campo consiguió reducciones de retenciones, la industria láctea y la automotriz las tienen suspendidas, las economías regionales lograron un alivio impositivo. Pero la pesca, no. “Nos excluyeron, como si la pesca no fuese una economía regional”, dice Cereseto, que aclara que hoy el sector enfrenta retenciones de entre 1% y 9%, con el langostino congelado a bordo pagando 6% de derechos de exportación.
El resultado es el que se ve hoy: barcos parados, empresarios y trabajadores enfrentados en una pelea que nadie quería dar. “Parecería como que uno quiere arengar y decir que la gente cobra mucho”, advierte. Pero insiste: “Son convenios colectivos de trabajo que datan de hace más de 30 años, tenían que ver con otra realidad macroeconómica y con unas condiciones del mercado internacional donde el langostino se podía vender a 12 dólares el kilo y hoy se vende a 6 dólares”.
La tormenta perfecta
Para Cereseto, la crisis no es culpa de una sola medida. Es la acumulación de errores y decisiones que estrangularon al sector. “La tormenta perfecta”, la llama.
Primero, el mantenimiento de los derechos de exportación. Segundo, el impuesto a las Ganancias para los trabajadores, que en el gobierno anterior tenía una exención del 46% para el personal embarcado y que Milei eliminó.
Y después vino el golpe final: “Para colmo, el ministro Sturzenegger, que se paseó por los canales diciendo que se pescaba gratis, aumentó el derecho único de extracción en promedio un 230%”.
El detalle es brutal: Langostino: +80%; Merluza: +170%; Calamar: +500%
Así, el sector quedó atrapado en un círculo vicioso: más impuestos, menos rentabilidad, actualización de salarios por inflación, mercados internacionales en baja y un gobierno que no hace nada para aliviar la presión.
“La situación del mercado internacional se derrumbó. No fue una sola cosa, fue un montón de ingredientes que hicieron esta tormenta perfecta”, resume Cereseto.
Mientras tanto, la flota sigue amarrada en puerto, los trabajadores están en vilo y la pesca, una de las principales actividades exportadoras del país, se hunde lentamente en el abandono.
Redactada y Editada por Redes al Mar