Como se esperaba, la apertura de la pesca de langostino en aguas nacionales, tradicionalmente una bisagra en el calendario económico del litoral patagónico, comenzó este año sin el movimiento habitual. La autoridad pesquera autorizó la actividad en la subárea 12 de la Zona de Veda Permanente para Juveniles de Merluza, a partir del 9 de julio a las 7:00. La decisión respondió a los informes técnicos del INIDEP, que detectaron concentraciones comerciales de langostino, con predominio de tallas L2, L3 y L4, y menor presencia de L1. Es decir, una estructura biológica apta para el aprovechamiento comercial, aunque sin excesos.
Sin embargo, el dato a remarcar no fue biológico, sino logístico y económico: los puertos de Mar del Plata y Puerto Madryn no mostraron señales de entusiasmo. El arranque no provocó movimiento extraordinario de barcos, ni actividad en las plantas ni movimiento en las banquinas. Ningún conflicto se solucionó por abrir la temporada. De hecho, los fresqueros que participaron en la prospección decidieron no descargar en Madryn, por una combinación de factores que explican la frialdad con la que se recibió el inicio de la zafra.
Por un lado, los armadores evitaron puertos donde los costos de estiba y logística son más elevados. Por otro, la falta de compradores en algunos destinos tradicionales los empujó a operar con mayor cautela.
Pero hay una razón más profunda detrás de este clima enrarecido: la incertidumbre laboral. Las empresas aún no lograron cerrar la negociación paritaria con el Sindicato de Trabajadores de la Industria de la Alimentación (STIA), y temen que cualquier desacuerdo pueda derivar en medidas de fuerza que paralicen las plantas. Nadie quiere quedarse con toneladas de materia prima sin poder procesar.
No hay, por ahora, señales de que la situación se encamine hacia un repunte inmediato. La mayoría de los actores del sector pesquero optó por moverse con pasos medidos, evaluando los movimientos del mercado y, sobre todo, cuidándose de comprometer materia prima sin garantías de continuidad operativa.
Habrá que ver, en las próximas semanas, si la temporada de langostino logra alcanzar el ritmo esperado. O si, como algunos ya prevén, será una campaña marcada más por la especulación que por la zafra. El mar ofreció el recurso. Ahora es la política sindical, la estrategia empresarial y la salud del mercado lo que dirá cuánto de ese recurso terminará efectivamente en puerto.
