Un grupo de permisionarios artesanales de Caleta Córdova impulsó cambios en sus autorizaciones para acceder al langostino en Camarones, en una maniobra que algunos del sector señalaron como un atajo administrativo con efectos sensibles.
La discusión por los permisos artesanales en Chubut dejó al descubierto una tensión ya conocida en la política pesquera: cuando una autorización pensada para una especie terminó siendo utilizada como vehículo para llegar a otra, más rentable y más sensible. Eso fue lo que parece ocurrir con un grupo de permisionarios de Caleta Córdova que, con permisos para capturar merluza, vienen presionando durante más de un año para modificar sus condiciones y habilitar el acceso al by catch de langostino en la zona de Camarones.
El planteo incluye pedidos como subir el cupo de captura de 150 a 350 cajones, trasladar el área de operación desde Caleta Córdova hacia Camarones y permitir la pesca incidental de langostino. Pero la realidad de la situación es que la mayoría de los titulares de estos permisos no pescaron en todo el año y no tuvieron a la pesca como actividad principal. Los permisos existieron, pero la pesca no.

Ese dato, lejos de ser menor, fue el que prendió algunas alarmas en el sector. Por eso advierten que ese grupo aptó por adquirir permisos artesanales a sabiendas de que no los iban a utilizar para luego reclamar su modificación y que ello los acerque a su verdadero objetivo: el langostino.
El lobby supo avanzar con insistencia y encontró respaldo político. La intendenta de Camarones, Claudia Loyola, acompañó el reclamo y lo llevó al plano legislativo. El discurso público se apoyó en ideas como la necesidad de generar actividad, de mover el puerto y de ampliar oportunidades para la flota artesanal. PEro el planteo para habilitar el by catch de langostino terminó de mostrar el verdadero interés en juego.
Para muchos en el sector, más que un pedido, eso fue una confesión: el langostino, y no la merluza, fue siempre el objetivo. Como si el permiso fuese un “caballo de Troya” para entrar a Camarones bajo la formalidad de la merluza para capturar langostino en las inmediaciones del AIER, con la ventaja adicional de quedar al margen del esquema de aperturas y cierres que regula esa pesquería.
De hecho, está el caso de un abogado de Rawson, titular de un permiso de Caleta Córdova que nunca ejerció la pesca y que se mostró reclamando con vehemencia un supuesto “derecho histórico” a capturar langostino en Camarones. El permiso existió; la historia pesquera, no.
Claro está que acceder a este lobby implicaría graves consecuencias colaterales para el sector pesquero. De forma inmediata, incrementaría el esfuerzo pesquero. También existe el riesgo de que se pesque en el AIER, lo que tensaría la relación con la Nación. Pero además, podría poner en riesgo la certificación internacional que se logró el año pasado en la provincia
En la pesca, como en la política, los atajos suelen salir caros. Y detrás de un permiso artesanal aparentemente inofensivo, se escondió una disputa mayor por el recurso más valioso del litoral chubutense.
