Las imágenes difundidas en los últimos días, que mostraron el fondo marino del Golfo Nuevo cubierto de restos de langostino a metros de Punta Cuevas, generaron indignación entre los vecinos de Puerto Madryn. El video, registrado por un buzo tras el ingreso de varios barcos pesqueros al golfo para resguardarse del mal tiempo, reavivó el debate sobre el descarte pesquero en la zona.
Frente a la repercusión, el Observatorio del Sistema Pesquero Argentino (OSPA) publicó un comunicado en el que llamó a abordar la cuestión con criterio científico, sin caer ni en la negación del problema ni en su exageración.
Desde el organismo remarcaron que el descarte pesquero existe y constituye un problema ambiental y productivo real, que el INIDEP estudia y cuantifica de manera sistemática. Sin embargo, señalaron que reconocer el problema no equivale a validar cualquier lectura sobre su magnitud.
En ese sentido, hicieron referencia a una cifra que volvió a circular en estos días, la de 100.000 toneladas, y aclararon que ese número corresponde a estudios científicos sobre pesquerías, períodos y áreas específicas —que en algunos casos combinan descarte con subdeclaración—, pero que de ninguna manera representa lo ocurrido puntualmente en el Golfo Nuevo.
El comunicado también distinguió entre descarte y sobreexplotación, dos conceptos que suelen confundirse en la discusión pública. Mientras el primero genera impactos concretos en el fondo marino, el estado real de una población de una especie se mide con indicadores como la biomasa, la mortalidad, el reclutamiento y las capturas registradas, no a partir de una imagen puntual.
El OSPA aclaró además que el hecho de que los restos descartados sean biodegradables no los vuelve inocuos: su impacto depende de la cantidad que se descarta, el lugar, la frecuencia y las características propias del ecosistema.
Por último, el organismo planteó que reducir el descarte requiere avanzar en distintos frentes: mayor control y monitoreo, pero también mejoras en la selectividad de los artes de pesca, en las prácticas operativas a bordo, en los incentivos del sector y en el aprovechamiento integral de las capturas.
«Entre negar el problema y convertirlo en una catástrofe hay un espacio imprescindible: la evidencia científica», concluyó el Observatorio, al invitar a construir mejores prácticas junto a todos los actores de una actividad profundamente ligada a las comunidades pesqueras de la región.
