El último domingo, el portal Tiempo Argentino publicó una nota que vinculó las condiciones de trabajo en las plantas pesqueras de Chubut con el consumo de drogas y con los suicidios en la provincia. El texto se apoyó en los dichos de un único investigador y mencionó cifras y testimonios, pero no identificó el estudio, no mostró ninguna prueba ni presentó información que relacionara los suicidios con trabajadores de la pesca. La publicación generó mucha polémica en el sector, porque asoció a miles de trabajadores con esa problemática sin pruebas que la respaldaran. Ante ese escenario, REDES AL MAR consultó al Observatorio del Sistema Pesquero Argentino (OSPA), un grupo de investigadores de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco y del CONICET que existe desde 2020 y está especializado justamente en materia. De hecho, el OSPA realizó trabajos sociolaborales sobre las condiciones de quienes trabajan en las plantas, entre otros, y por eso se le pidió que explicara qué datos existen y cuáles no.
Su directora, la Dra. María Soledad Schulze, desmintió que existan evidencias o estadísticas que vinculen el empleo en plantas de procesamiento con suicidios o adicciones en Chubut, remarcando la falta de rigor, la ausencia de pruebas certeras y la angustia que generan estas publicaciones en miles de familias. Repudió y cruzó las afirmaciones publicadas. A través de una extensa entrevista, la investigadora aclaró que los relevamientos científicos propios de la institución no registraron evidencia alguna que sostenga semejantes conclusiones, alertó sobre el grave riesgo de estigmatizar a miles de obreros y sus familias, y cuestionó el uso irresponsable de estadísticas generales de suicidios provinciales atribuidas arbitrariamente al sector pesquero sin contar con registros por ocupación.

«En nuestros relevamientos no encontramos evidencia que permita afirmar que existe una relación entre trabajar en una planta pesquera y los suicidios registrados en Chubut”, sintetizó, y llamó a tratar la problemática con extrema cautela y seriedad: “Quiero ser muy cuidadosa con esto, porque estamos hablando de un tema extremadamente sensible. Nadie puede negar que las condiciones de trabajo influyen en la vida de las personas. Pero de ahí a establecer una relación directa entre una actividad laboral y el suicidio hay una distancia enorme. El suicidio es un fenómeno muy complejo. Intervienen múltiples situaciones y circunstancias, y no podemos pretender explicarlo a partir de una sola variable”.
«Hay personas que llevan décadas en la actividad, otras que recién comienzan, familias enteras vinculadas a la pesca, trabajadores con diferentes niveles educativos y experiencias de vida muy distintas. Reducir a miles de trabajadores a una imagen homogénea de precariedad, consumo de sustancias o vulnerabilidad social no permite comprender la complejidad del sector”, describió.
Respecto a la utilización de cifras generales de suicidios en la provincia para adjudicárselas únicamente a trabajadores de plantas pesqueras, la titular del OSPA cuestionó la falta de rigor metodológico de la publicación: “En la nota se toman cifras de suicidios de toda la provincia y se las relaciona con los trabajadores de la pesca. Pero ¿sabemos cuántas de esas personas trabajaban efectivamente en el sector? ¿En qué condiciones laborales estaban? ¿Qué otras situaciones atravesaban? Sin esa información, ¿cómo podemos sostener semejante conclusión? Existen estadísticas oficiales sobre suicidios que permiten conocer la situación de la provincia y analizar variables como la edad, el sexo o la localidad. Lo que nosotros no tenemos es una base de datos pública y validada que permita saber cuántas de esas personas trabajaban en la industria pesquera. Y ese dato es fundamental para la discusión”. Y añadió: “Si queremos investigar si existe alguna relación entre determinadas condiciones laborales y la salud mental, me parece una pregunta absolutamente válida. Pero entonces tenemos que construir la información necesaria para responderla. Lo que no podemos hacer es presentar esa relación como si ya estuviera demostrada”.

Estigmatización del sector y el peligro de generalizar testimonios
Uno de los ejes centrales de la respuesta de Schulze está en el impacto social negativo que provocan estas publicaciones sin datos veraces: “El principal riesgo es la estigmatización de los trabajadores y sus familias. Y creo que este es uno de los puntos que más me preocupa de la nota”. Si bien Schulze reconoció la existencia de problemáticas de consumo en la sociedad, rechazó categóricamente la homogenización del colectivo laboral: “Yo he conocido en mis trabajos de campo a muchísimos trabajadores pesqueros que, me animo a decir, no tienen ningún problema de consumo. También he conocido trabajadores que sí atraviesan o atravesaron situaciones vinculadas a consumos problemáticos. Pero jamás se me ocurriría tomar las experiencias de unos u otros para decir que todos los trabajadores de la pesca son de determinada manera. Eso sería profundamente injusto y no tendría ningún sustento como investigación”.
“El principal riesgo es la estigmatización de los trabajadores y sus familias. Y creo que este es uno de los puntos que más me preocupa de la nota”
“Cuando uno trabaja en ciencias sociales aprende que las experiencias individuales son muy importantes, pero también que no podemos convertir un testimonio en una explicación general de toda una actividad. Una cosa es reconocer un problema y otra muy distinta es instalar la idea de que trabajar en la pesca está asociado al consumo de cocaína o al suicidio”, agregó.
Schulze graficó además la angustia familiar que desencadenan estas informaciones infundadas: “Porque cuando leo la nota de Tiempo Argentino pienso en algo muy sencillo: en esa tía abuela que estaba feliz porque su nieto consiguió trabajo en una planta pesquera. Y que, después de leer una nota así, empieza a preguntarse si ese trabajo lo va a llevar a consumir cocaína o a quitarse la vida. ¿Somos conscientes de la angustia que podemos generar cuando hablamos de esta manera de miles de trabajadores?”

Reinserción social
La publicación periodística en cuestión también catalogó a la industria pesquera como una de las pocas opciones laborales para personas que salieron de prisión, como un factor de vulnerabilidad. Schulze aclaró en primer término la falta de datos al respecto: “No, nosotros no contamos con esa información. Nunca relevamos los antecedentes penales de los trabajadores y tampoco tenemos datos que nos permitan afirmar cuántas personas que estuvieron privadas de su libertad trabajan hoy en la industria pesquera”.
Posteriormente, la directora del OSPA repensó el enfoque y cruzó la mirada estigmatizante: “Y sinceramente me pregunto qué buscamos mostrar cuando presentamos ese dato de esa manera. Si una persona estuvo privada de su libertad, cumplió su condena y consigue trabajo en una planta pesquera, ¿eso debería ser visto como un problema de la industria? A mí me parece que, en todo caso, estamos frente a una oportunidad de reinserción laboral”.
«No podemos construir una imagen de los trabajadores pesqueros a partir de afirmaciones que no están acompañadas por datos”
Lejos de la imagen caricaturizada de degradación generalizada planteada en el artículo periodístico, la investigadora rescató especialmente el valor comunitario y educativo que observa a diario en el campo: “En este momento estamos llevando adelante un proyecto de terminalidad educativa que nos permitió conocer y acompañar a más de 500 trabajadores que están buscando retomar o finalizar sus estudios. No deja de sorprenderme la capacidad de organización, la tenacidad y la resiliencia que tienen muchas de estas personas”.
“Por supuesto que hay problemas laborales y sociales que tenemos que conocer y atender. Pero también hay trabajadores que construyen proyectos, que se esfuerzan, que sostienen a sus familias y que encuentran en esta actividad oportunidades para salir adelante. A mí me parece que conocer el sector también implica poder contar esas historias”, concluyó.
