La Cámara Argentina Patagónica de Industrias Pesqueras (CAPIP), junto con CAPECA, le pidió este jueves a la Subsecretaría de Recursos Acuáticos y Pesca de la Nación que el 24 de agosto sea el último día de pesca de langostino en aguas nacionales. El pedido llega apenas semanas después de que la propia flota que integra esa cámara protagonizara uno de los ritmos de captura más agresivos de la última década, con un esfuerzo pesquero que llevó los desembarques a niveles récord en tiempo récord. Ahora que las capturas alcanzaron un volumen extraordinario, la misma cámara que impulsó eso pide levantar las redes.
El argumento que las cámaras hicieron llegar al subsecretario Juan Antonio López Cazorla fue estrictamente comercial: sostuvieron que seguir pescando ya no es rentable y que continuar la temporada solo generaría costos operativos sin un correlato productivo. Es decir, después de haber exprimido las concentraciones de langostino con una eficacia que ni ellos mismos esperaban, el sector que más rápido agotó el recurso accesible ahora quiere que el Estado le ponga fecha de cierre a una pesquería que, según los propios datos oficiales, sigue mostrando indicadores biológicos saludables.
Para suerte del sector pesquero, hubo quienes se plantaron contra ese avance de CAPIP presentando planteos opuestos. Desde CAPEAR ALFA le exigieron a la cartera nacional que la temporada se mantenga abierta hasta que sean los informes técnicos del INIDEP —no las cuentas comerciales de un grupo de armadores— los que determinen cuándo corresponde cerrar.
En una carta dirigida al subsecretario, ALFA puso en valor el trabajo del Programa de Pesquería de Langostino del INIDEP, que viene monitoreando la biomasa, los reclutamientos y la estructura de tallas de la especie durante toda la temporada. Según remarcó la entidad, ese esquema técnico —que fija el cierre de la temporada hacia fines de septiembre salvo que los indicadores digan lo contrario— es el que permitió que el langostino argentino se mantenga como uno de los recursos mejor administrados del Atlántico Sur. Introducir un cierre anticipado sin ningún respaldo científico, advirtieron, no haría más que sumar incertidumbre a un sistema que hasta ahora funcionó.
Lo llamativo es que el pedido de CAPIP llega cuando no hay ningún informe del INIDEP que recomiende frenar la pesca por razones biológicas. Lo que hay, en todo caso, es una flota que salió a competir bajo el sistema de pesca olímpica, encontró el recurso con una velocidad inédita, agotó las concentraciones más accesibles en tiempo récord y ahora pretende que esa misma voracidad se transforme en política pública.
La cuestión, en el fondo, no es biológica sino comercial: qué actor del sector logra imponer su calendario.
