El mar no perdona. Y cuando un barco pesquero desafía las advertencias de la Prefectura Naval y se queda en altamar con un temporal encima, las consecuencias pueden ser irreversibles. Eso es lo que pasó esta semana frente a las costas de Santa Cruz, donde un marinero de 46 años identificado como Juan Carlos Guitiérrez, oriundo de Empedrado, Corrientes, cayó al agua desde la cubierta del buque congelador «Luca Mario» en condiciones que sus propios compañeros de oficio advierten de criminalmente negligentes. Desde entonces, la Prefectura Naval lleva adelante un operativo de búsqueda y rescate a más de 250 kilómetros de Puerto Deseado.

El «Luca Mario» es un barco del año 1976. Casi medio siglo de vida, aunque con una reparación importante entre 2022 y 2023. Pertenece al Grupo Solimelo, empresa pesquera radicada en Mar del Plata, desde donde zarpó el pasado 16 de junio rumbo a la zona de langostino. Cuando ocurrió el incidente, el buque estaba en planes de regreso al puerto de origen. Lo que no estaba en planes era lo que pasó después. El capitán recibió la advertencia de Prefectura de ponerse a resguardo por el inminente temporal. No lo hizo. Eligió seguir pescando. Unos minutos más, unos kilos más. El marinero correntino estaba trabajando en cubierta cuando el barco recibió el golpe de las olas de costado. Cayó al mar. Llevaba puestas botas de agua, overol, abrigo, casco de seguridad y chaleco salvavidas.
El operativo de búsqueda involucra a varios buques pesqueros que estaban en la zona, entre ellos el «API V», el «Ponte de Rande» y el «Beagle I», además de un avión PA-25 que sobrevoló el área tratando de divisar al tripulante desde el aire.
El Sindicato de Obreros Marítimos Unidos no tardó en pronunciarse y lo hizo con una dureza que refleja la bronca acumulada de un sector que ve cómo se repiten estas tragedias evitables. «Queremos manifestar nuestro enérgico rechazo hacia los capitanes que, ante la recomendación de Prefectura de ponerse a resguardo por inminente temporal, hacen caso omiso a dicha recomendación y se quedan en altamar por un poco más de pesca, despreciando así el valor de la vida», escribieron en el comunicado. Y agregaron algo que debería leerse con atención en cada oficina de armadores del país: «Sabemos que la pesca es uno de los oficios más peligrosos del mundo, pero hoy en día, teniendo todos los elementos y recomendaciones de la autoridad de aplicación, todos estos siniestros pueden evitarse».

Desde la organización Ningún Hundimiento Más también levantaron la voz para acompañar a la familia del marinero desaparecido y para señalar algo que la crónica no puede omitir: las condiciones del buque eran precarias, el tripulante no estaba correctamente amarrado al momento de la caída, y la advertencia de Prefectura fue ignorada. Tres factores que, sumados, configuran un cuadro que va mucho más allá del accidente. En el mar, como en la tierra, hay tragedias y hay negligencias. Esta, por ahora, huele demasiado a la segunda